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Niños y transporte: los viajes largos

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En esta época, son muy frecuentes los traslados en algún medio de transporte para llegar a nuestro lugar de destino vacacional. Lo que debería ser un viaje cargado de ilusión por unas vacaciones que comienzan y la perspectiva que esto supone, se puede convertir en una pesadilla, sobretodo cuando el trayecto en sí es largo y se hace pesado. Los niños más pequeños no entienden por qué se requieren tantas horas, y los que son un poco más mayores se cansan ante la espera, como si fuera la noche de reyes.

Antes de iniciar un viaje, es necesario hablar con los pequeños. Especialmente si el viaje tendrá lugar en transporte público, en donde podemos molestar al resto de pasajeros, habrá que introducir algunas normas de comportamiento. El hablar de las vacaciones y de todos los planes, crearán expectación, a cambio claro de portarse bien durante el viaje.

El entretenimiento es imprescindible. Películas, libros, pequeños juegos… pueden ser grandes aliados para combatir el temido aburrimiento. Al fin y al cabo, es lo mismo con lo que nos enfrentamos los adultos.

Elegir adecuadamente los alimentos. Cuidado porque si optamos por comidas copiosas, el viaje podrá hacerse más pesado y más si el niño tiene tendencia a marearse. Hay muchos pequeños que se suelen marear en el coche, así que habrá que tener este dato en cuenta antes de echarnos a la carretera. El pediatra nos puede recomendar medicamentos y ayudas para evitar los temidos mareos, o al menos paliar sus síntomas.

Dejar las discusiones y las tensiones aparcadas. Las vacaciones suelen ser una época “perfecta” para discutir. Toda la tensión acumulada tras meses de rutina y trabajo acaba estallando en el momento menos oportuno. Esto no nos hace ninguna ayuda, y tensiona también a los niños añadiendo un grado más de estrés.

La planificación. Antes de ponerse en marcha, una buena planificación nos puede sacar de más de un disgusto. Si viajamos en avión, tenemos que tener en cuenta el tiempo de antelación con el que tenemos que estar en el aeropuerto. Al igual que si viajamos en otro medio de transporte bajo un horario, no nos engañemos, ya sabemos que a los españoles nos gusta hacerlo todo a última hora, pero ir corriendo porque no llegamos al tren, no es bueno para nadie y ya nos anticipa un viaje “movidito” y tenso. Igualmente si viajamos en nuestro coche particular, hay que calcular cuánto tardaremos en llegar y el mejor horario, así como realizar paradas de descanso de forma periódica.

Y por supuesto… disfrutar. Que para eso están las vacaciones, ¿no?

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